Ferrer sigue cambiando. No para doblegarse ante las tendencias comerciales dominantes ni para responder a requisitos regulatorios impuestos. Sino porque el mundo que nos rodea también está cambiando y porque nuestra responsabilidad dentro de él es cada vez más clara.
En los últimos años, hemos ido evolucionando como empresa guiados por un propósito: utilizar el negocio para luchar por la justicia social. Esa transformación aún está en marcha. Influye cómo tratamos a las personas, cómo nos relacionamos con las comunidades y cómo entendemos nuestro impacto en el planeta.
Pero hay una transformación paralela en curso. Una que es cada vez más central para lo que somos como compañía.
Nuestro compromiso con la justicia social nos lleva, como empresa farmacéutica, a centrarnos en las áreas donde la necesidad es mayor y las soluciones escasean más. En particular, estamos orientando nuestros esfuerzos hacia las enfermedades raras y debilitantes en las que, históricamente, se ha descuidado a los pacientes y a sus familias. Específicamente, nos enfocamos en las enfermedades pulmonares vasculares e intersticiales y en las enfermedades neurológicas raras.
Esto no nos aleja de nuestro propósito. Es la forma en que lo hacemos realidad.
Lo que decidimos investigar, dónde invertimos y a qué pacientes priorizamos no son decisiones imparciales. Reflejan lo que valoramos. Para nosotros, la innovación no consiste solo en hacer avanzar la ciencia o hacer crecer una cartera de proyectos. Se trata de contribuir a un acceso más equitativo a la salud y de abordar las necesidades no cubiertas de forma real.
Unir estas dos transformaciones no es sencillo. Requiere alinear la cultura, la ciencia y la toma de decisiones. Significa equilibrar la ambición a largo plazo con las responsabilidades inmediatas.
Necesitamos transformar el conocimiento en soluciones que cambien vidas, llegando a las personas que más lo necesitan. Eso significa mantener a los pacientes, a sus familias y a sus cuidadores en el centro de cada decisión.
Queda mucho trabajo por delante. Pero estamos fortaleciendo nuestras capacidades científicas, estamos construyendo alianzas y estamos transformando nuestro propósito en resultados tangibles. Hablar no es suficiente. Debemos demostrarlo, paso a paso.